FAMILIA Y TRABAJO COMO INSTITUCIONES COMPLEMENTARIAS

Sin duda un tema que no pasa de moda; generación tras generación en sus distintas gamas y épocas han tenido que descifrar este famoso diptongo, desde los baby boomers, hasta ahora los millennials y en todas las industrias, desde las aparentemente más esclavizantes y explotadoras, hasta los hoy sobrevalorados home officers y freelancers. Y el tema sigue siendo el mismo: todo se resume en equilibrio.

Para profundizar en este tema, debemos abordar diferentes variables y explicar que cada familia, empresa, puesto y colaborador cuentan con una muy personal dinámica. En este sentido, tratar de explicar el deber ser en esta relación a nivel personal sería absurdo e imposible; sin embargo, lo que sí podemos explicar son algunas pautas para entender cómo llevar de la mejor manera esta eterna dupla a buen puerto.

La idea de ejecutar una interrupción masiva en “un solo movimiento”, puede resultar abrumadora, por ello contar con mecanismos, procesos y métodos que ayuden a ver el cambio cultural como una especie de “viaje”, con pasos incrementales hacia un objetivo a largo plazo, se vuelve indispensable.

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Me gustaría partir del entendido que la persona es un fin en sí mismo y no un medio, como es el caso del trabajo y, aunque suene un poco extraño y utilitarista, lo mismo ocurre con la familia. Sin embargo, dentro de esta categoría existe una diferencia abismal, en donde, bajo determinadas variables, el trabajo o la familia son superiores o inferiores según sea el caso.

A manera de ejemplo, si hablamos de los ingresos que puede producir para la adquisición de bienes que ayuden al desarrollo de la persona, evidentemente la familia perdería por “ knockout” contra el trabajo; sin embargo, si la variable fuese apoyo incondicional, definitivamente la familia tomaría la delantera, aunque como lo dije anteriormente, podemos generalizar entendiendo que existen particularidades.

Dicho lo anterior, comenzaré por mencionar algunas pautas que ayudan a equilibrar la relación trabajo-familia sin perjudicar a ninguna, sino por el contrario, potenciando al “rival”. Y es aquí donde quiero comenzar.

1. NO SON RIVALES.

El trabajo y la familia no son rivales que enfrentan una justa para ver quién vence a quién, la realidad es que cuando aprendemos lo valioso que nos aporta cada uno de estos ámbitos de nuestra vida, nos damos cuenta que son perfectamente compatibles e incluso probablemente necesarios. Cuando hablamos de familia hay que entender en primera instancia que hablamos del grupo de apoyo incondicional, el cual nos motiva a ser mejores personas, como lo es una familia tradicional, un grupo de amigos, pareja, entre otros. Y cuando hablamos de trabajo específicamente para estos fines, nos referimos a la labor lucrativa que realizamos esperando realizarnos, producir, aportar y generar productos o servicios en beneficio de la humanidad. Cuando ambos conviven de forma adecuada se logra una especie de yin y yang en perfecta armonía, donde mientras uno provee el otro administra, distribuye e incluso invierte o cuando gracias a lo que uno otorga el otro se desarrolla. Cuando una persona tiene una buena relación con su familia, es mucho más probable que su desempeño laboral sea óptimo, o por el contrario si algo sucede en casa, en el trabajo será notoria esa circunstancia. Incluso si en el trabajo tenemos alguna preocupación, se verá reflejada en nuestra armonía familiar.

2. SEPARAR LO INSEPARABLE.

Cuando hablamos de la persona es necesario (aunque no debería) hablar de unidad, es decir que la persona es inseparable, y bajo este principio la persona del trabajo debería ser la misma persona que convive en familia, obvio entendiendo la diferencia de circunstancias; sin embargo existen muchas frases como “deja en el trabajo los pendientes y no los traigas a la casa”, o por el contrario “deja tus problemas familiares en casa y aquí pongámonos a trabajar”. Pues bajo este supuesto, resulta imposible, sin embargo, debemos de tratar de enfocarnos en el trabajo y no en otra cosa. En resumen, somos unidad y como tal el trabajo tendrá que ver con nuestra familia y al contrario.

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3. CALIDAD O CANTIDAD.

Y el debate sigue vivo, hay quien pone a la cantidad por encima de la calidad y quien en su argumentación menciona que la calidad es mucho más valiosa que la cantidad. Y es aquí donde creo que no debemos pelear, ya que será difícil hablar de calidad sin cantidad, y definitivamente creo, a título personal, que debemos dar tiempo a la familia y que ese tiempo se aproveche al máximo. Lo cierto es que no existe una fórmula o cantidad de tiempo promedio; pero atendiendo a la lógica, si quitamos una jornada ordinaria de ocho horas y las ocho de sueño nos quedan ocho. La pregunta es, ¿cuántas de esas 8 le dedicamos a la familia? Y cuando digo “dedicamos” no hago referencia a cohabitar, estar o solamente existir en un entorno común; sino de vivir y compartir sentimientos, emociones, historias y crear lazos, anécdotas y escribir el libro de nuestras vidas, donde la historia es una y todos somos protagonistas.

El mensaje es claro: es importante poner en justo equilibrio ambos ámbitos de nuestra vida para poder conciliar y vivir en armonía, dando importancia a cada cosa con relación a sus fines.

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